Saber poner límites.


El fin de este año se acerca y se supone que debemos fraternizar con nuestros hermanos... reconciliarnos, empezar a ser mejores; llevarnos mejor.

Esa es la teoría pero la mayoría de nosotros sabemos que en la práctica no es siempre posible, que hay gente con la que no nos llevaremos bien jamás, hagamos lo que hagamos; y que no tenemos ganas de "poner la otra mejilla" como sugirió Jesús.

Perdonar sin embargo no es divino, podemos perdonar las ofensas de modo de no cargarlas encima como pesada mochila, pero no olvidar. No olvidar no significa seguir con el rollo de por vida, sino no volver a caer en el mismo error.

Hasta Dios que es santo y está más allá de nuestras humanas miserias para perdonar exige arrepentimiento. Si esperamos las disculpas de nuestros no muy amados hermanos sabemos que vamos muertos muchas veces, de modo que no es muy practicable tampoco eso.

Creo que la clave está en saber poner límites. Lo que creo que NO hay que hacer es esperar que Dios se ocupe de hacer justicia por nosotros. Lo que NO hay que hacer es guardar bronca y suponer que en la otra vida alguien se encargará de hacer pagar todo lo que soportamos.

Simplemente no soportemos nada, paremos el carro de una a todo el mundo, y no necesitaremos disculpas, ni arrepentimientos, ni oraciones ni nada.

Aclaremos, eso no significa vivir ladrando; no significa atajarse todo el tiempo por si las moscas: significa no permitir que nos avasallen. Muy por el contrario, es bueno lograr una buena convivencia y muchas veces es mejor callarse que decir algo que empeore las cosas, pero NO permitir que nos vapuleen todo el tiempo es básico para una sana relación humana. La gente piensa a menudo que aguantando todo será más querida, cuando lo único que consigue de ese modo, según creo, es exasperar al otro y provoca de ese modo muchas más situaciones de conflicto...no?

Si hay algo seguro es que no nos van a querer más por lo que soportamos, sino por lo que damos, el bien que hacemos, lo que nos importan los demás.

De ninguna manera hay que esperar que otro -llámese Dios, llámese policía, llámese vecino de al lado...- haga lo que tenemos que hacer nosotros mismos: hacernos respetar, todos somos personas y merecemos el mismo trato honorable que los demás; pero somos los únicos encargados de hacer valer nuestro natural derecho.

Y no me olvido de esa frase que leí alguna vez: Algunos vienen a este mundo como acreedores, y otros como deudores. Es increíble pero cierto: nosotros decidimos en caracter de qué venimos a este mundo, no los demás.

A reflexionarlo!!


Salud!!

Comentarios

Entradas populares de este blog

Amor condicional

No aclaremos que oscurece.

Cuatro leyes de la espiritualidad- Sai Baba.