El mío, es un Dios de amor.
El otro día un taxista, que parecía ser de alguna rama del evangelismo, me pasó una hojita con partes de la biblia -con el nerviosismo de quien necesita cumplir una orden de alguien muy severo, so pena de que le caigan de otro modo todas las plagas de egipto juntas-, en las que decía muy claramente según él que la iglesia está equivocada, que la interpretación de la biblia es otra. Que Dios tiene muy cortitos a sus hijos y les exige mucho, pero sólo a ellos: que si quieren ser parte del exclusivo grupo de almas que ingresen al tan ansiado paraíso, deben soportar todo tipo de tribulaciones en esta vida, ya que en la otra está la vida verdadera. Es como un padre que castiga a su hijo continuamente para que siga en la buena senda. A los otros, los de afuera, no se los molesta con demasiadas pruebas de fe, se los deja en paz pero eso si: en la otra vida agarrate catalina. Fuego eterno, sufrimiento y rechinar de dientes. Y el pobre hombre me contaba cómo le pasan todas, lo asaltan, y a los ...