El peor de los pecados: la envidia.







Hoy andaba reflexionando sobre la envidia, la gente envidiosa, gente pecadora que tiene su castigo durante su acto de pecar. Blogs atrás decía que hay pecados que se notan en el cuerpo como la gula, uno engorda salvo que zafe de la típica tendencia al engrosamiento. Otras veces he dicho que hay otros que no parecen tener castigo y que hasta es agradable cometerlos, como la lujuria o la pereza.

Pero tal como dije en mi blog "Pecadillos", tanto la envidia como el odio son pecados tan lamentables, que carcomen al que los comete desde el momento mismo en que los está llevando a cabo.

Pero si tuviera que elegir entre los dos, como el más lamentable, creo que la envidia se lleva todos los laureles, ya que provoca terrible sufrimiento, no sólo al que lo comete sino a sus "víctimas", quienes serían los envidiados.

El envidioso no soporta que otra persona tenga algo que él ya desistió de tener, por considerarlo inalcanzable. Nada más feo que ver cómo otro alcanza las uvas que pensamos que no se podían alcanzar. En realidad el hecho de que otro lo haga, es evidencia de que es posible hacerlo, y esa debería ser la conclusión lógica del hecho, pero vaya a saber por qué extraño mecanismo mental, el envidioso interpreta que el que lo logró es mejor que él.

Nadie es mejor que nadie, todos tenemos nuestros escollos, todos nuestras penas, nuestros problemas de mayor o menor dimensión. El peor escollo que podemos presentar a lo largo de la vida es el de la autolimitación: el pensar que NO PODEMOS.

"No puedo", debería eliminarse del diccionario. Hay muy pocas cosas -si las hay- que no se puedan lograr, si se pone la determinación adecuada. Por lo que tengo entendido, el poder de nuestra mente es tal que con sólo desear algo muy fervorosamente, el subconciente se pone "a trabajar" y casi sin darnos cuenta estamos actuando para lograr el objetivo, todo lo que hacemos casi sin saberlo nos conduce a la concreción de nuestro deseo. Claro que hay cosas que no se pueden hacer por razones obvias; yo no me puedo ir a vivir a la punta del obelisco porque se me ocurre, por eso la tan sabia y famosa oración:


Oración de la serenidadPor San Francisco de Asís
Dios mío, concédeme serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar;
Valor para cambiar lo que puedo;
Y sabiduría para reconocer la diferencia.

Bajo ningún punto de vista debería alguien angustiarse por no conseguir TODO. Nadie es omnipotente ni es necesario serlo. Pero tené por seguro, mi amigo, que lo que otro puede hacer, vos también podés hacerlo, y si no lo hiciste fue porque no te pareció importante o no le diste prioridad, pero podrías o podés hacerlo igual o mejor.

Entonces, por qué envidiar? Por qué causar sufrimiento al otro para sentirme un poco mejor? No es mejor mejorar? superarse día a día? Inspirarse en el éxito ajeno pero no con frustración sino como aprendizaje?

Es tan importante autovalorarse, todos tenemos aquello que nos hace muy especiales; en eso deberíamos concentrarnos y sacar el mayor rédito, y no tratar de ser como el otro; el otro que sea lo mejor que pueda, yo soy lo mejor que puedo, no?

Siempre hay gente más linda, más inteligente y mejor dotada que uno, la repartija no es justa ya que el mundo no se basa precisamente en la justicia, pero nosotros debemos embellecer el nuestro, tratando de dar prioridad a la belleza del alma, no a los logros intelectuales o físicos que a nada te llevan, sólo te dan una pasajera e inútil sensación de vanidad.

Bueno, para cerrar el tema les brindo unas frases sobre la envidia, dichas en su momento por gente que ha alcanzado cierto renombre por lo cual la habrá conocido de alguna manera, no?


ENVIDIA

La envidia en los hombres muestra cuán desdichados se sienten,
y su constante atención a lo que hacen o dejan de hacer los demás,
muestra cuánto se aburren.
Arthur Schopenhauer, (1788-1860) Filósofo alemán.


La envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come.
Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645) Escritor español.

¿Qué es un envidioso? Un ingrato que detesta la luz que le alumbra y le calienta.
Víctor Hugo (1802-1885) Novelista francés.

Castiga a los que tienen envidia haciéndoles bien.
Proberbio árabe.

La envidia es causada por ver a otro gozar de lo que deseamos;
los celos, por ver a otro poseer lo que quisiéramos poseer nosotros.
Diógenes Laercio (S. III AC-?) Historiador griego.

La envidia es una declaración de inferioridad.
Napoleón Bonaparte (1769-1821). Emperador francés.


Nuestra envidia dura siempre más que la dicha de aquellos que envidiamos
François de la Rochefoucauld (1613-1680) Escritor francés.


La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual.
Miguel de Unamuno, (1864-1936) Filósofo y escritor español.


Después de aquellos que ocupan los primeros puestos, no conozco a nadie tan desgraciado como quien los envidia.
Marquesa de Maintenon (1635-1719) Noble francesa.


Una demostración de envidia es un insulto a uno mismo.
Yevqeny Yevtushenko (1933-?) Poeta ruso.



¡Oh envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes!.
Miguel de Cervantes Saavedra, (1547-1616) Escritor español.


Quien no es envidiado, no es digno de serlo.
Esquilo de Eleusis (525 AC-456 AC) Poeta trágico.


La envidia, el más mezquino de los vicios, se arrastra por el suelo como una serpiente.
Ovidio (43 AC-17) Poeta latino.


La muerte abre la puerta de la fama y cierra tras de sí la de la envidia.
Laurence Sterne(1713-1768) Novelista y humorista inglés.

En fin mi amigo, si te encuentras en tu camino, en algún momento de tu existencia, con uno de estos ejemplares del mal vivir, los envidiosos, ten presente que si ladran es señal de que cabalgas como dijo el Quijote, y que lo mejor que puedes hacer es... ignorarlos lisa y llanamente, que no te afecten ni por un instante, ya que el problema no es tuyo sino de ellos.

Salud!! y a vivir.

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