Máximas de José de San Martín.



José de San Martín (1778- 1850) fue un militar argentino cuyas campañas fueron decisivas para las independencias de Argentina, Chile y el Perú. Junto con Simón Bolívar es considerado uno de los libertadores más importantes de Sudamérica durante la colonización española. En la Argentina tiene el título de Padre de la Patria y se le considera un héroe y prócer nacional. En el Perú se le reconoce como Libertador de aquel país y en Chile su ejército le reconoce el grado de Capitán General.


General José de San Martín, "Padre de la patria", de lo mejorcito que nos muestra la historia de nuestro país; un hombre virtuoso y con principios muy nobles y firmes, un buen ejemplo para nuestros días. Se intuye a través de sus citas un espíritu combativo, indoblegable, transparente; y sus magníficas y no tan comunes cualidades nos han liberado de la esclavitud -bueno, la de esa época-.

Leer sus famosas frases no pudo menos que hacerme pensar en qué poco contaminada estaba su mente con lo que lo está la nuestra: no vivió el siglo XX cambalache; el Holocausto, o nuestro aborrecible proceso militar, por ejemplo, donde se llevaron a cabo tantos abusos injustificados, se pisoteó todo derecho o respeto por la persona humana, se alcanzó la maldad en la máxima expresión en la que pueda ser concebida.

Quiero decir con esto que armar una guerra, tener todo un aparato armado con códigos y gente que los cumpla, pero sin causa justa, era impensable en esa época, a mi humilde entender.

Aunque estamos tan pasados de revoluciones que cuestionamos hasta a la religión misma -con justa razón-, no nos viene mal recordar las máximas de este gran personaje de la historia.



MÁXIMAS DEL GENERAL JOSE DE SAN MARTÍN.


Si somos libres, todo nos sobra.

Más ruido hacen diez hombres que gritan que cien mil que están callados.

Serás lo que debas ser, sino, no eres nada.

Tan injusto es prodigar premios como negarlos a quien los merece.

Al hombre honrado no le es permitido ser indiferente al sentimiento de justicia.

Nada suministra una idea para conocer a los hombres como una revolución.

Mi sable jamás saldrá de la vaina por opiniones políticas.

Las consecuencias más frecuentes de la anarquía son las de producir un tirano.

Los hombres no viven de ilusiones, sino de hechos.

Es necesario tener toda la filosofía de un Séneca,
o la impudicia un malvado para ser indiferente a la calumnia.

No es en los hombres donde debe esperarse el término de nuestros males:
el mal está en las instituciones y sólo en las instituciones.

Hombres que se abandonan a los excesos son indignos de ser libres.


Para defender la libertad se necesitan ciudadanos, no de café, sino de instrucción y elevación moral.

Voy a hacer el último esfuerzo en beneficio de la América.
Si éste no puede realizarse por la continuación de los desórdenes y anarquía,
abandonaré el país, pues mi alma no tiene un temple suficiente para presenciar su ruina.

La armonía, que creo tan necesaria para la felicidad de América, me ha hecho guardar la mayor moderación.

Nuestros desvelos han sido recompensados con los santos fines de ver asegurada la independencia de la América del Sud.

Divididos seremos esclavos, unidos estoy seguro que los batiremos: hagamos un esfuerzo de patriotismo, depongamos resentimientos particulares, y concluyamos nuestra obra con honor.
Al americano libre corresponde trasmitir a sus hijos la gloria de los que contribuyeron a la restauración de sus derechos.

Todo buen ciudadano tiene una obligación de sacrificarse por la libertad de su país.

Mi objetivo desde la revolución no ha sido otro que el bien y felicidad de nuestra patria y al mismo tiempo el decoro de su administración.

Cada gota de sangre americana que se vierte por nuestros disgustos me llega al corazón.

En el último rincón de la tierra en que me halle estaré pronto a sacrificar mi existencia por la libertad.

No se debe hacer promesa que no se pueda o no se deba cumplir.



Salud!! Y a vivir a full.

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