La muerte.




Parte inevitable de la vida, lo único que realmente seguro nos pasará. Lo que queremos evadir de nuestras conversaciones y de nuestros pensamientos. Lo que nos da escalosfrío, lo peor que nos puede pasar: la muerte.

La evitamos, pensamos en otras cosas, la pasamos bien con quienes amamos y tenemos gloriosos momentos de amor y amistad y hasta parecemos olvidarla... hasta que nos demuestra que ahí está, con su implacable guadaña y nos va llevando a todos y cada uno de nuestros seres queridos, hasta que -lo sabemos bien- nos toque a nosotros.








La muerte es parte de la vida, inevitable, inexorable, imposible de desterrar; como el día y la noche, el sol y la lluvia, el bien y el mal: La vida y la muerte, no existiría el uno sin el otro. Todo debe permanecer en justo equilibrio, y no habría vida si no hubiera muerte -lamentablemente-.

Los animales parecen aceptarla; no se los ve todo el tiempo preocupados por el tema. La gente, en cambio, está como aterrada por el tema -estamos, me incluyo, claro-, tanto que prefiere evitar pensar en ello.

La duda es: está mal por la ausencia del que se fue, o por lo que es, la muerte en sí?

En general la ausencia se cubre con nuevas presencias, continuamente. Si bien no reemplazan del todo a quienes se fueron, pasan a ocupar su lugar y volvemos a un nuevo equilibrio.

Creo que más tememos a todo lo que se arma alrededor de la muerte: lo feo, lo maligno, el castigo -merecido, claro, quien fue un santo toda su vida-, el saber que no dominamos todo y mucho menos algo tan siniestro como eso.

¿Cómo puede ser que aquello que tanto amamos, el cuerpito de nuestros bebés, el de nuestro gran amor, el de nuestros padres, amigos etc, termine pudriéndose y no quede nada de ello para recordar? Sólo fotografías -las de rollo porque las digitales se pueden perder si no haces back-up con cierta frecuencia uy-.

No cierra, no. Creo que deberíamos entender que no hay nada que cerrar. La vida se nos da con sumo amor; no se nos pide permiso para traernos a este mundo: nadie nos pide firmar un acuerdo con bases y condiciones del juego, sabiendo que moriremos y puede no gustarnos.

Se nos trae "de prepo". Y acá estamos, remándola como podemos, juntándonos con quienes nos parecen los mejores aliados en esta vida, pasándola lo mejor posible, hasta que se termina. El juego funciona de ese modo; podés estar de acuerdo o no: tenés cero opción de cambiar las reglas. Empieza, se juega y se termina. Solo podés elegir lo del medio, y hasta ahí. ¿Cómo sentirnos culpables de algo que no armamos nosotros?
Es así la cosa: te guste o no, estás en el juego, te trajeron.

Si existe la reencarnación y SÍ decidimos venir, es otra historia, pero de todos modos sigue siendo algo que no podemos manejar de modo alguno, desde acá.

Todo tiene un final y cuando se termina, fue, y listo el pollo. No habría que hacer más rollo del tema, fue lindo mientras duró.








Me parece espantoso y ridículo llorar al difunto de por vida, llevarle flores todo el tiempo a lo que fue su cuerpo, por más amor que hayamos sentido por él, que lógicamente habrá sido mucho y bien merecido. Se fue, le llegó la hora: a otra cosa mariposa.

A recordarlo bien, a tener los mejores pensamientos de él, pero nada de morirse de pena ni sumirse en la depresión ni nada por el estilo!!

La vida es bella, está llena de cosas hermosas, y la muerte debería ser el final de algo y el comienzo de otra cosa: conocer gente nueva, lugares nuevos, hacer nuevas cosas. Y quien sabe, algún día volvamos a encontrarnos -o no-.






Creo que nada, mi amigo, y ni siquiera la muerte, debería empañar tu felicidad en este mundo.

Ama todo lo que puedas a tus seres queridos, actúa siempre bien y olvida los pensamientos malos; y cuando se vayan, estarás en paz con ellos: NO DOLERÁ.

Me parece ridículo llevar a los niños a los cementerios, hacerlos sentir mal con el tema. En lo posible, evitaría llevarlos a los velatorios inclusive. Ellos no pueden procesarlo bien, y se vuelven taciturnos, tristes, diferentes a otros que no pasan por esa experiencia. Si tarde o temprano deberán vivirlo, mejor que sea LO MAS TARDE POSIBLE.

¡Basta de rollo con la muerte! La muerte es el fin de la vida conocida, y como dije antes, a otra cosa mariposa. Si hay más allá, no lo sabemos. Centrémonos en el más acá, y enriquezcámoslo lo más que podamos.







Si pudiera pedir un deseo, cuando muera, sería que los que me aman no me lloren demasiado, sólo un poquito para sentirse mejor, para desahogarse, pero que enseguida se recuperen y vivan a full: que me reemplacen lo antes posible, ya que sé que NO SE OLVIDARÁN DE MI. Ni yo de ellos, por toda la eternidad.


Salud!! Y a brillar como nunca.

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