Cuando un amigo se va.

Nada de lo que tenemos nos pertenece. Ninguna persona es de nuestra propiedad, ni nuestros padres, ni nuestros hijos. Mucho menos los amigos, que nos eligen, que los elegimos.
Con ellos transitamos cosas, vamos juntos por un sendero que nos parece hermoso, como que todo está bien al estar junto a ellos.
De repente, un día, notamos que ya no hay conexión. Los caminos se separan, empiezan las preguntas, cuando, lo sabemos bien, no hay respuesta, en realidad.
La única explicación es que hay cosas que no se fuerzan, que eso se da o no, lo mismo que el amor. Que cuando nos aferramos a alguien lo único que logramos es espantarlo, cuando debemos asumir que nosotros mismos, somos lo único que realmente nos pertenece.
La única forma de garantizarnos tener relaciones de oro, es no aceptar, bajo ninguna circunstancia, relaciones de barro, de alambre, de manteca -llamale h-.

Esas no sólo no sirven, nos impiden hallar las buenas. Nos desvían de nuestro objetivo: estar con quienes realmente debemos estar, con quienes crecemos juntos, a quienes les podemos aportar algo y recibir algo en la verdadera medida de lo que necesitamos.
Cómo saberlo? Pues el corazón lo sabe.
Sólo merece nuestra amistad aquel que no se dobla, ni se tuerce. Pero si habiendo sido de lo mejor, de golpe se dobla y enfila hacia otro lado, no significa que se haya vuelto malo: necesita otras cosas, ya no le va lo que antes sí le iba, y tampoco a nosotros: es momento de cambiar, y a otra cosa mariposa.
Sé libre y déjalos ser.
Ya lo decían Los Beatles: Let it be.
Salud!! Y a brillar.
Con ellos transitamos cosas, vamos juntos por un sendero que nos parece hermoso, como que todo está bien al estar junto a ellos.
De repente, un día, notamos que ya no hay conexión. Los caminos se separan, empiezan las preguntas, cuando, lo sabemos bien, no hay respuesta, en realidad.
La única explicación es que hay cosas que no se fuerzan, que eso se da o no, lo mismo que el amor. Que cuando nos aferramos a alguien lo único que logramos es espantarlo, cuando debemos asumir que nosotros mismos, somos lo único que realmente nos pertenece.
La única forma de garantizarnos tener relaciones de oro, es no aceptar, bajo ninguna circunstancia, relaciones de barro, de alambre, de manteca -llamale h-.
Esas no sólo no sirven, nos impiden hallar las buenas. Nos desvían de nuestro objetivo: estar con quienes realmente debemos estar, con quienes crecemos juntos, a quienes les podemos aportar algo y recibir algo en la verdadera medida de lo que necesitamos.
Cómo saberlo? Pues el corazón lo sabe.
Sólo merece nuestra amistad aquel que no se dobla, ni se tuerce. Pero si habiendo sido de lo mejor, de golpe se dobla y enfila hacia otro lado, no significa que se haya vuelto malo: necesita otras cosas, ya no le va lo que antes sí le iba, y tampoco a nosotros: es momento de cambiar, y a otra cosa mariposa.
Sé libre y déjalos ser.
Ya lo decían Los Beatles: Let it be.
Salud!! Y a brillar.
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