Tribulaciones.
E li, Eli, lama sabachthani... Te mandan, una tras otra. La idea era seguramente, hacerte sucumbir. Hubo gente que nació para que sufras, y junto con ella, gente que nació para acompañarte en ese trance tan terrible. Y la lasceración fue tan increiblemente dura como tu incredulidad al ver que pedías ayuda y nadie llegaba a rescatarte. Y el dolor fue tan, pero tan grande, que logró que dejes de creer. Y que dejes de pedir. Años después te enteraste que todo así debía pasar, que fue una escena montada para tu crecimiento. Gracias a semejante tortura eras quien eras. Y por si se te pasaba por la mente un juicio por daños e perjuicios divino, te aclaran que fuiste vos mismo quien decidió que así fueran las cosas. Ok, pero no. No me parece bien, y no lo acepto. No hablo por otros, hablo por mí. Nadie puede juzgar tu comportamiento, cuando nadie salió en tu defensa cuando lo necesitaste. Cuando al ver, perplejo que era lo mismo que vivas o mueras, dejaste de tener dios. Y dejas...